¡Ser feliz!

 

Los tres elementos que requerimos equilibrar en nuestra vida son: afecto, libertad y límites. Ser feliz es mantener un sano balance, ahora reflexionarémos al respecto.

LIBERTAD

Nuestra libertad comienza con nuestra concepción, ese momento mágico que originó nuestra existencia, ese hecho que se dio en circunstancias perfectas y que fue exitoso.

Al mirar nuestro inicio lo que requerimos hacer es reconocer, reconocer que el actor principal de este acto extraordinario es nuestro padre, sin él sería  imposible que estuviéramos con vida. Y un instante fue suficiente,  ese instante lo ha hecho a él, el hombre más importante  para nosotros por siempre, sin importar lo que haya pasado minutos, días o años después.

Reconocer que este acto fue justo como se requirió, nos da la posibilidad de tomar nuestra libertad con la explosión y fuerza inherente.

En el momento que nosotros volteamos al pasado y retenemos nuestra mirada allí, intentando juzgar las circunstancias en que se dio nuestra concepción, perdemos toda nuestra libertad. Porque si en un inicio no fue perfecto quiere decir que nosotros no somos perfectos como somos, perdemos la libertad de ser.

  • Si lo consideramos inadecuado,  no nos consideraremos adecuados perdiendo la libertad de pertenecer.
  • Si lo consideramos demasiado rápido, nos consideraremos atrabancados, perdiendo la libertad de actuar contextualmente.
  •  Si lo consideramos un acto sin disfrute perdemos la libertad de disfrutar.
  • Si lo consideramos un acto callado perdemos la libertad de expresar.
  • Si lo consideramos injusto perdemos la libertad de sentirnos justamente tratados.

La libertad es nuestra capacidad de sentirnos valiosos y talentosos para contribuir a nuestro contexto. Es importante para nuestra felicidad porque es el elemento que nos posibilita  sentirnos satisfechos, exitosos y en paz. Nos permite motrar pasión por la vida.

AFECTO

Nuestra capacidad de sentirnos plenos empieza con nuestra madre. Esta impronta a nivel corporal se imprime en el nacimiento, que es el segundo momento más  importante de nuestra existencia y se reafirma en los primeros años de vida.

Es una sensación de bien-estar , de ser feliz sin razón por el hecho de recibir y dar afecto de manera sencilla. Si el proceso de nacimiento fue difícil, prolongado, riesgoso o intempestuoso puede impactar a nivel sensorial en nuestra capacidad de dar o recibir afecto. Se requiere sanar este vínculo con la madre.

Otra vez si volteamos a este momento con juicio, sin reconocer la grandeza de nuestra madre al darnos la vida, perderemos la posibilidad de tomar el afecto que esto conlleva, nuestro nacimiento es un momento perfecto sin importar si después se pudo quedar o no, ser feliz es reconocer que todo salió bien.

Es dejarle su dolor para poder tomar su afecto. Las madres muchas veces no pueden estar totalmente disponibles por su propia historia y hacen un gran esfuezo para traernos a la vida  y allí  radica su grandeza.

El afecto es nuestra capacidad de ser feliz en la vida cotidiana, de valorar lo que las personas nos dan emocionalmente y recibirlo. Es nuestra capacidad de mantener intimidad, de estar para el otro y con el otro. Sanar nuestro vínculo con mamá favorece nuestra relación amorosa con todos los que nos rodean.

LÍMITES

La felicidad depende de tomar decisiones adecuadas dentro de nuestro contexto. Para poder  responder  a cada situación,  es decir ser responsables. Para ser responsables necesitamos ubicarnos correctamente en nuestro espacio-tiempo, estar conectados con nosotros mismos.

Muchas veces por amor ciego nos extralimitamos poniéndonos por encima de nuestros padres y después por encima de todo aquel que represente autoridad. Nos ponemos en el lugar de nuestros abuelos, pretendemos cuidar de nuestros padres y en el fondo esto nos da una sensación total de inseguridad, por lo que nos podemos a la defensiva fácilmente.

Creernos más importantes o menos importantes nos hace temerarios o cobardes. Regresar a nuestro lugar nos regresa la entereza y desde allí podemos tomar nuestro propio destino con un respeto profundo por lo que fue antes de nosotros, por nuestros ancestros y haciendo lo propia por las siguientes generaciones

En conclusión:

Ser felices, es ser libres teniendo claramente la capacidad de dar y recibir afecto dentro de nuestro contexto.

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