Mes: febrero 2016

Papá, mamá: por favor, necesito límites.

Sabes, sé que me necesitas mucho, me has dicho que soy tu fuerza, lo he escuchado varias veces, que me quieres mucho, se que no te gusta verme triste. Te gustaría siempre verme feliz, creo que tú también fuiste la fuerza y la alegría de la abuela o del abuelo. Sé que te sentiste igual que yo en algún momento.

Sé que cada vez que me dices, que no puedo hacer algo o tener eso que quiero, yo me pongo muy triste, me molesto o me duele y a ti te duele mi dolor, casi siempre terminas dándomelo.¿ Sabes, aunque esto me pone contento en la superficie en la profundidad me hace sentir inseguro? Capto tu culpa, tu ansiedad, temor o tu debilidad.

No sé que pasé en el futuro, cuando espere que todo se me de como tú me lo das, no sé que pasará con mis amigos, con mi maestra, en mi trabajo, con mi jefe o con mi esposa. Con puro afecto y sin límites, me sentiré con derecho a contar con la ayuda de todos y afectará seguramente mis relaciones interpersonales.

Como no he aprendido a respetar límites tampoco sabré ponerlos como amigo, como pareja o como jefe. Un límite es una línea de demarcación que me define como una persona y me permite percibir donde empieza la necesidad del otro.

Al reconocer un límite me puedo hacer responsable de lo que me toca en una relación. Sin límites, intentaré controlar a los demás mientras estoy fuera de control.

Los límites me pemiten aprender a manejar mis recursos, me administran disciplina y me aclaran cuales serán las consecuencias de mis actos. Reconocer los límites del contexto  me hará sentir que puedo ser respondable de mi propia vida y hacer uso de mis opciones.
Recueda que los límites, no me gustarán en un principio y como no estoy acostumbrado parecerá que estoy totalmente inconforme, por lo que necesitarás aguantar esa inconformidad. Mostrarte claro, asertivo y calmado en todo momento y sobre todo no ceder para nada ni dudar un instante,  me harán comprender que tu eres el grande y yo el pequeño. Sentirme seguro porque eres más fuerte que yo y no puedo ganarte.

Creo que conozco las razones por las que no me pones límites aveces es por miedo a causar un problema y otras porque estás hasta el cansancio, te cuesta mucha energía ser constante y esperas a perder la paciencia para estallar.
Lo más importante para mi como pequeño es pertenecer, si cumplir con los límites me hacen sentir mejor y me hacen sentir que pertenezco,  así será para mi. Si rebelarme atrae tu atención y me hace sentir visto o leal a ustedes porque parece que valoran más la rebeldía que los límites,  así será para mi también.

Por favor piensa en mi futuro y enseñame lo que requiero para disfrutarlo. Ahora es mi tiempo de aprender, crecer significa esforzarme para mi cuerpo y para mi. Recuerda  eres lo que más amo y te necesito ahora,  porque cosecharemos juntos en mi vida futura,  lo que se siembre el día de hoy.

Con amor tu pequeño.

La Mente

 

Al observarme, me doy cuenta que con esquemas que me he formado hace tiempo y sin buscar nuevas formas de comprender el mundo, muchas veces he  analizado todo lo que pasa y he estado segura de tener la razón en cada juicio que emito. ¿Les ha pasado a ustedes? Me parece que confiamos demasiado en nuestra mente, como si ella pudiera captar efectivamente todo lo que pasa a nuestro alrededor. Como si todos tuviéramos una mente brillante e infalible.

Damos por hecho muchas cosas y partimos de concepciones que elaboramos cuando éramos niños o muy jóvenes, que no hemos actualizado y a partir de esto tomamos nuestras decisiones diarias. Queremos avanzar sin integrar nueva información.

Ya somos expertos en todas las áreas, sabemos cuál es el problema del país, conocemos porque nuestra pareja actúa de tal forma, sabemos cual es el mejor equipo de futbol o porque nuestros hijos se sienten de tal forma, como debería manejarse la política nacional o como tiene que comportarse un doctor, también somos expertos en nutrición o educación. Nuestra mente cree haber obtenido una serie de títulos universitarios, después de ver el Facebook o por haber vivido con alguien mucho tiempo.

De repente somos doctores, chefs, educadores,nutriólogos, fotógrafos, politólogos, abogados, psicólogos, deportistas entre otras especialidades. Sin darnos cuenta que cuando crees ya saber la respuesta desde la mente, el sistema cambia la pregunta y todo empieza de nuevo.

Cuando siento que no hay salida recuerdo que no tengo de que preocuparme, el cuerpo siempre sabe la respuesta en tiempo y forma. Una pregunta en tu mente, es mejor que una respuesta rápida desde el saber, si requieres responder rápido puede ser desde el cuerpo. Nuestro cuerpo sabe cómo sobrevivir sin problema, sabe desde el fondo si quiere o no, si eso lo hace sentir mejor o peor. Hemos confiado demasiado en nuestra súper computadora y olvidado que nuestro cuerpo tiene más tiempo en el proceso de sobrevivencia y evolución. El confiar ciegamente en la mente nos ha hecho insensibles.

No estoy diciendo que nuestra mente no sea confiable, normalmente es súper confiable en tu trabajo, en tu área de especialidad, si eres doctor o arquitecto esa es tu área más clara mentalmente. Como dice el slogan de MasterCard, para todo lo que la mente no puede comprar…es decir comprender, existen otras inteligencias que son corporales puedes preguntarle a tu intuición, a tu sansación y a tu reacción corporal.

Los seres humanos venimos  equipados para resolver lo que la mente no puede comprender, ya que es imposible  ser experto en todas las áreas y por eso somos tantos seres humanos, así tenemos la ventaja de que para cosas más complejas podemos consultar a un especialista. Cuando estudias Diseño Humano empiezas a comprender desde donde estás súper equipado para la vida, cuáles son tus posibles áreas de especialización y como sentirte satisfecho contigo mismo.

La humanidad es un sistema, donde todos contribuimos con nuestras comprensiones mentales profundas para el bien de todos, siempre y cuando estemos dispuestos a especializarnos, a conocernos, a integrar nueva información, a esclarecer  lo nuestro, a escuchar al otro y a explicar lo que es más claro desde nuestra posición.

El afecto.

 

Los tres ingredientes principales de la crianza son límites, libertad y afecto. Son como los tres ingredientes básicos de un pastel. Los límites son representados en la masa por los huevos,  que le dan consistencia al pastel y son como el pegamento de los demás ingredientes. La libertad es como la leche, le da adaptabilidad a la masa y le da fluidez.

¿Qué sería de un pastel sin harina? Lo mismo que es una crianza sin afecto, la harina es la base de la masa y el afecto es la base de la crianza. El afecto se demuestra en la consideración y acompañamiento a los niños. Es lo que se ha llamado tiempo de calidad, es observarlos, es mirarlos, es sentirlos, es abrazarlos, es contenerlos en resumen es:  estar para ellos.

Un niño que recibe afecto puede tener claridad en cual es su lugar en la familia, se sabe importante y no necesita competir por su espacio. Un niño con falta de afecto se puede volver agresivo o sumiso. Agresivo porque lucha por  encontrar u ocupar un lugar, agresivo porque reclama el afecto que requiere de sus padres a sus compañeros de la escuela o a sus maestros. Sumiso porque asume que no tiene o merece un lugar propio y por lo tanto, lo mejor es mantenerse al margen.

Todos los padres nos creemos afectuosos y puede que en algunos casos nos esforcemos mucho por demostrarlo, sin embargo en el caso de que estas demostraciones no sean apropiadas a la edad del niño o sean inadecuadas según la manera en que él recibe el afecto,   por lo que el pequeño no se sentirá amado puede ser frustrante para ambas partes.

Lo he visto por ejemplo en niños con asperger que tienen un código diferente de lo que significa afecto, este código se requiere mirar e incluir para que el pequeño se sienta amado.

También se puede sentir la falta de afecto cuando no se le quiere en su nombre o por lo que él es. Esto se puede dar cuando se ha perdido un embarazo u otro hijo, o en el caso de la muerte de un miembro importante de la familia y se le quiere como a…o en lugar de… En este caso el niño no puede tomar el afecto que realmente no es para él.

El afecto no se puede condicionar, a un niño se le quiere  sólo por el hecho de existir, es así de simple y por lo tanto un niño tiene derecho a lapsos claros de nuestra atención como adultos.

Tomando  nuestro lugar de pequeños de cara a nuestros padres, podremos tomar nuestro lugar de grandes con nuestros hijos, este es el trabajo diario como hijos y como padres, es una labor de por vida.

Al tomar nuestro lugar, podremos recibir nosotros el afecto que también necesitamos  y estar preparados para dar el que necesitan nuestros hijos. El objetivo es  lograr la satisfacción de comportarnos  como padres amorosos, que respetan y cuidan que sus hijos tomen su propio lugar, solamente el suyo.

Paternidad: equilibrio entre límites, afecto y libertad.

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Nuestra nueva generación de padres está siendo todo el tiempo bombardeada por artículos y opiniones sobre cómo debemos educar a nuestros hijos, artículos en los que queda claro que la mejor manera es una muy diferente a la que usaron nuestros padres.

Tomando conciencia sobre el objetivo de educar, que es darle la posibilidad a las nuevas generaciones de resolver los retos que les presente su contexto. La pregunta es: ¿cúal es nuestro papel como padres con nuestros  hijos?

Es claro que sobreprotegerlos no cumplirá con el cometido, tampoco lo hará dejarlos en total libertad o prohibirles todo.

Pero ¿por qué tomamos una pocisión poco funcional como padres?, cuando amamos profundamente a nuestros hijos.

Sobreprotección:

Cuando no nos sentimos lo suficientemente protegidos por nuestros padres, según nuestro sentir o nuestro juicio, tendemos a sobre proteger a los niños, esa sobreprotección es más para nosotros mismos que para ellos,  en todos los sentidos, asumiendo que de poder evitarles todos los riesgos lo cual es imposible, nosotros nos sentiremos más seguros y tranquilos.

El asunto es que los  niños se sienten dependientes y buscan quien haga está función en los otros ambientes. Exigiéndole mucho a sus amigos y a su pareja más adelante. Se quejan de  sus maestras,  o de que sus compañeritos les hacen bullying, ya que nunca los cuidaran como lo hacen sus padres.

Con está forma de educarlos los niños no tienen derecho a crecer.

Total libertad:

En el caso de habernos sentido sobre protegidos tendemos a darles total libertad a los niños, para que ellos no se sientan limitados, entonces ellos tienen la responsabilidad antes de tiempo de tomar sus propias decisiones. Los niños se vuelven muy responsables y sienten la soledad del desamparo, se pueden sentir responsables hasta de las decisiones de los adultos.

Se les acusa de agresores en el aula muchas veces porque sienten la necesidad de cuidar a sus compañeros y la frustración de no poder hacerlo, esa doble dinámica la muestran con un contacto físico o verbal no apropiado con los compañeros.

Con esta forma de educarlos los niños no tienen derecho a ser niños.

Total firmeza:

Cuando nuestros padres simplemente no estuvieron disponibles, ya sea física o emocionalmente por su situación difícil. Nosotros como padres nos volvemos muy exigentes tratando a los niños como otro adulto, sin que ellos puedan llenar nuestras espectativas. Como respuesta los niños se vuelven inestables o rebeldes, no se asumen como pequeños y respetan poco los otros límites en otros ambientes, buscarán compañeros con autoridad para seguirlos, con el riesgo que esto conlleve, y más adelante irán en búsqueda de lugares donde las reglas sean rígidas, como cuando eran niños,  para sentirse seguros.

Esta forma de educar no le permite al niño que crezca pero tampoco le permite disfrutar su etapa.

Ahora, siendo conscientes de nuestra situación con cada hijo, considerado que podemos estar expresándonos de diferente manera con cada hijo. Podemos ver que lo que hemos vivido fue perfecto; dejar de educar desde el no, dejar de educar desde el juicio y mirar a nuestros hijos.

Y así, poder ponerles los límites necesarios para que se sientan seguros, darles el cariño que los haga sentir mirados y otorgarles la libertad para que puedan ir un paso más allá de lo que nosotros hemos hecho.

Sanar nuestra relación con nuestros padres, es nuestra tarea más importante como hijos para lograr ser buenos padres, y se hace asintiendo a nuestro destino tal y como fue, sin juicio.

Así podrán nuestros hijos ser libres y contribuir al contexto en el que les toque vivir.